Resucitando por un trabajo

Bueno, en principio este blog renace como requisito imprescindible para aprobar una asignatura de la carrera... así que poco puedo escribir aquí. No obstante, no es descartable que resucite el espíritu de este viejo Mundo Paranoico, un blog escrito por y para amigos, y vuelva a dar la murga en la blogosfera, ¿ quién sabe?


En cualquier caso, un saludo al profesor, Diego Botas, que espero se de por satisfecho con este blog.



P.D. Entre los post publicados hay muchos con fotografías y varios con vídeos colgados en Youtube, aquí le dejo un ejemplo El Último Poeta.

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Mamá, quiero ser Introvertido

Hay muchos términos sacados de la psicología científica que han adquirido en el pensamiento popular una valoración que no siempre se corresponde con lo real. Un ejemplo de ello es el que se refieren al rasgo de personalidad introversión- extroversión.
Si se les preguntara a madres de neonatos si prefieren que sus hijos sean de mayores introvertidos o extravertidos, de manera muy probable responderían que la segunda. Se tiene la falsa creencia de que aquellos sujetos más habladores, con más facilidad para hacer amigos de manera rápida, más lanzados… son más triunfadores, y lo son, pero sólo en ciertos contextos. En primer lugar hay que decir que el introvertido y el extrovertido son dos polos de un mismo continuo (introversión-extroversión) que viene predispuesto por un parámetro fisiológico que podríamos llamar activación (arousal) general cerebral. El cerebro, para trabajar, necesita unas condiciones óptimas de arousal y utiliza los estímulos del medio, que suponen estimulación, para conseguir la activación adecuada, rehusándolos para disminuirla y aceptándolos para aumentarla. Pues bien, el cerebro del introvertido está de manera normal sobreactivado (sí el del introvertido) y el del extrovertido infraactivado, así, el cerebro del introvertido huye de los estímulos externos (porque de activación va sobradito) mientras que el cerebro del extrovertido los busca desesperadamente. Esto se traduce conductualmente en que aquellos personajes portadores de un cerebro introvertido (sobreactivado) no son seres muy habladores (porque hablar estimula), no se sienten cómodos en ambientes con mucha gente (porque las personas son estímulos), mientras que los extrovertidos buscan actividades diferentes con mucha rapidez, fuman más (comprobado estadísticamente) porque la nicotina es una droga estimulante, beben más café etc. Ahora bien ¿qué es “mejor” ser introvertido (que no tímido) o extrovertido?: según el contexto. Por ejemplo, si lo que queremos es un puesto de controlador aéreo, absténganse los extrovertidos: requiere una concentración óptima manteniendo sólo la estimulación que produce una pantalla, si tenemos a un extrovertido, necesitado de moverse, hablar o fumar, se acabaron los vuelos de Iberia. Lo contrario ocurre en el caso de hablar de un puesto de comercial. Por otro lado, extroversión e introversión tienen mucho que ver con otros fenómenos como es el caso de la facilidad para condicionarse (para asociar estímulos y respuestas, en suma, para aprender), así , individuos introvertidos se condicionan con menos ensayos, más rápidamente (aprenden cierto tipo de cosas con mayor facilidad) que individuos extrovertidos.
Por último decir que, a pesar de lo dicho es la biología la que predispone y la experiencia la que determina.

Dedicado a los introvertidos que alguna vez no se hayan sentido orgullosos de serlo.

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LA PALABRA

En interés de los lectores de está página, y en cierta presentación de mis respetos a la profesión que el autor de la misma ha escogido para servir de sustento a su vida, aqui dejo mi nueva aportación al maravilloso e inquietante mundo paranóico.

Pues si....he visto el anuncio ese que ha sacado por la tele el ABC para hacerse una emotiva propaganda...y me ha gustado mucho. Otra cosa es que, a pesar de que digan homenajear a la verdad con cada palabra que usan (por respeto a la propia esencia de la palabra, según ellos) luego no la usen para plasmar en cada editorial su particular visión de las cosas...que dista en mucho de la de otros diários de tirada nacional, como todos sabemos. Pero el caso, repito, que el trasfondo del mensaje me ha gustado.

Porque si nos paramos a pensar...las palabras son algo importante en nuestras vidas. De hecho...conforman una de los elementos más importantes que nos definen como personas. Nacemos marcados por dos cosas: primero, por unos genes que, con los años, nos dotan de un cierto y concreto aspecto físico que nos diferencia del resto, y qué, para algunos afortunados, nos resuelven la vida. (futbolistas, modelos...) Pero esta herencia que recibimos, buena o mala según los casos...no es ningún merito o demérito nuestro, sino única y exclusivamente fruto de la "buena maña" de nuestros progenitores para diseñarnos.
Lo segundo...es, en esencia, la palabra. Pues lo segundo que nos diferencia de los demás son nuestras aficiones, sentimientos, orientaciones y maneras de pensar. Y todo esto...no dejan de ser más que palabras al fin y al cabo. Porque nuestros sueños se componen de palabras, nuestros pensamientos acerca de la vida no dejan de ser también más que la ordenación de estas en una dirección determinada...los sentimientos, a pesar de lo que se diga, también pueden ser expresados de esta forma (y de ello vivem, por ejemplo, artistas como Alejandro Sanz o sujetos similares). Nosotros mismos somos la suma de muchas palabras, de hecho.

Y en este sentido, me parece conveniente citar un libro que, a este respecto, cambió mi forma de entender la vida. Así, recomiendo encarecidamente a todo ser con alguna que otra inquietud más allá al conocimiento dle resultado del Madrid este fin de semana, a que se lea el último capítulo del libro 1984 de George Orwell, capítulo este dedicado a la neo-lengua. La neo-lengua, en la trama del libro en sí, no deja de ser más que un complemento perfecto para la idea de control absoluto que se quiere transmitir acerca de como vive la gente de ese país imaginario...pero analizado en profundidad, encierra una idea mucho más profunda e inquietante. Lo que vienen a decir las bases de la neo-lengua en este libro, es que cuantas menos palabras existan y sean conocidas, más fácil será controlar a la gente. Y bajo ese principio, se dedican a destruir sinónimos, y reducir drásticamente el número de palabras existentes para expresar ideas, imponiendo su estricto aprendizaje desde la infancia. De esta manera, según los ideólogos de la estrategia en el libro, si eliminamos las palabras de la mente del ser humano...que nos impide manipularlo??? por que...quién va a robar sin saber siquiera el concepto de lo que es el robo???? Como ya he dicho anteriormente...somos lo que pensamos, y nuestros pensamientos se componen de palabras...y en la medida que carecemos de ellas, nos convertimos en parte de un gran rebaño, que pasta por el mundo alimentándose de las desgracias ajenas, del fútbol y de la televisión basura.

Nuestros sueños se componen de palabras...y en base a esta ley, la dimensión de estos primeros será directamente proporcional al dominio que tengamos de lo segundo. Así que leed, chavales.

Un honor, como siempre, colaborar en esta página.

Nada más...se despide el presidente de los amigols

Sed felices

zizou

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Miénteme


A quién no le han repetido con hartura eso de lo mal que está mentir, pues bien, la mentira es uno de los actos más complejos y mentalmente más sofisticados que existen en el ser humano.
Mentir es uno de los productos de las habilidades mentalistas (que no habilidades mentales). Las habilidades mentalistas o Teoría de la mente, es la capacidad de atribuir estados mentales a uno mismo y a los demás, esto es, la capacidad para saber lo que uno piensa, siente o desea, y, lo que es igualmente importante, para saber, creer, o tener una hipótesis sobre lo que los demás conocen, desean o sienten. Así pues, para mentir es necesario ser consciente de lo que uno sabe y ser consciente de lo que el otro (el que va a recibir la mentira, que es un engaño verbal) conoce de la situación: saber que el otro no sabe lo que tú sabes. Esto, que con tanta naturalidad hacemos, puede parecer a simple vista un acto sencillo, y ,sin embargo, no lo es cuando se erra en su consecución; así por ejemplo, los niños pequeños que empiezan a decir sus primeras mentiras (alrededor de los cuatro años, que es cuando se empieza a adquirir la Teoría de la mente), y los adultos poco hábiles mentalistas, fallan en la credibilidad de sus mentiras, entre otras cosas, porque fallan en el conocimiento sobre lo que el otro sabe de la situación. Por ejemplo, el niño que, estando sólo en el pasillo, rompe el jarrón de su madre y le dice a ésta que él no ha sido el causante, no es consciente de que su madre sabe que no hay nadie más que él en el lugar. Desde este tipo de errores que hacen de la mentira algo tosco, llegamos a las mentiras más sofisticadas, que pueden llegar a ser inútiles si el que miente no es hábil en eso de ponerse en el lugar del otro, casi “adivinando” sus pensamientos y percepciones y adelantándose a éstos.
La importancia de las habilidades mentalistas está también en la base para la forja del bien, pero también del perjuicio, intencionado. Así, cuando uno agasaja o inflinge un daño a otro, es porque sabe los efectos (positivos o negativos) que esta acción va a tener en el otro; conoce qué repercusiones mentales (en sus pensamientos y sobre todo en sus sentimientos y emociones) va a tener el acto en el que lo recibe.
Las personas con autismo son un claro ejemplo de bondad extrema en este sentido dado que su alteración en la Teoría de la Mente hace que, no sólo tengan un nulo interés por elaborar cualquier clase de mentira, sino que, además, la puesta en marcha de ésta sea una empresa casi imposible, no en vano, algunas terapias van encaminadas a enseñar a mentir a estos sujetos.

Dedicado a todos mis niños, paradigmas de la inocencia.



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De la Felicidad

En estos días hay una corriente pseudofilosófica que parece sostener que ser feliz es cosa de ilusos (“ la ignorancia es la madre de la felicidad”), y propia de niños. Pues bien, la “felicidad”, o el bienestar subjetivo o como quiera llamarse, es una cuestión de autopercepción: uno es feliz en la medida cree serlo, uno es feliz cuando cree que lo es.
Es cierto que ante ciertas circunstancias trágicas de la vida parece lo lógico sentirse desgraciado. No entrando en eso, y aunque hay individuos cuya entereza ante determinados acontecimientos es ejemplo de fortaleza y optimismo, hay otros que, aun teniéndolo todo para ser felices, se obcecan en no serlo. ¿Cuál es el criterio que marca cuándo uno es feliz y cuando no lo es? No lo hay. No hay nada externo a uno mismo que establezca el límite entre la felicidad y la desgracia; no es como tener una talla determinada de zapato (o tienes un 38 o no lo tienes, y ay de ti si pretendes ponerte un zapato de menor tallaje que el que te corresponde), esto es, el único que determina su nivel de bienestar es uno mismo: eres feliz cuando piensas que eres feliz.
Yo, nada partidaria de la psicología barata de libro de autoayuda, abogo por los datos y los estudios. Un ejemplo de esto es un estudio realizado con una muestra de sujetos a los que les había tocado la lotería, y otra de individuos que habían sufrido un accidente grave con consecuencia de invalidez. Se midió su nivel de bienestar percibido pocos días después del acontecimiento (positivo o negativo) y éste se diferenciaba claramente en los dos grupos (como es razonable pensar) sin embargo, y he aquí lo sorprendente, un año después ambos grupos habían vuelto a niveles de “felicidad” similares (para más información leer “Optimismo Inteligente”, gran libro). Esto es un ejemplo de cómo, incluso más que las circunstancias externas, es la propia auto percepción (de qué manera uno mismo se percibe) la que dicta el estado de ánimo y esto forma, además, un bucle que se retroalimenta. Así, si uno se cree feliz (dice de sí mismo que es feliz), se encuentra de mejor humor y actúa en consonancia, y, al verse así, ya tiene la información para corroborar este sentimiento de bienestar subjetivo.
En conclusión, hay individuos que teniéndolo aparentemente todo para ser felices no lo son y otros que, aun careciendo de todo lo que se supone que da la felicidad, la tienen ¿qué es lo que marca entonces la diferencia?: la Autopercepción.
Dedicado a mi gran amigo Somolinos, y a fj tb (no tengas envidia de tu hermano).
PD: YA SOY PSICÓLOGA (espero)

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Una tarde inesperada

Nada más llegar al parque lo vi. Estaba sentado en el mismo banco dónde nos reuníamos casi todas las tardes desde hacía ds mes. Durante el camino estuve pensando que era eso tan importarme que tenía que contarme y que no podía esperar. En realidad ya me lo imaginaba. Lo que más daba vueltas en mi cabeza no era qué iba a decirme, sino porqué. ¿Porqué iba a dejarme? ¿Qué es lo que había fallado?. Sentí un fuerte dolor sobre mi pecho y de repente mis ojos comenzaron a humedecerse. Intenté calmarme para no ser espejo de mis sentimientos. Que él no pudiera ver sobre mi interior. No se merecía que derramara una sola lágrima por él. Me había engañado diciéndome miles de halagos que ahora no serían nada para él, en el caso de que alguna vez lo hubiesen sido.

Me acerqué a él. Desde hacía unos metros que manteníamos la mirada sin apartarla. Sus ojos parecían tristes y pensé al verlos que aun sabiendo que mentían, me estaban convenciendo. Me estaba llegando a creer que la victima en vez de ser yo era él. Siempre hacía lo mismo, pero nunca llegaba acostumbrarme a sus engaños,

Cuando sólo me quedaban dos metros, se levanto del banco y me dijo que tenía que decirme algo muy duro. Pensé que estaba exagerando la situación que dejar una relación de dos mes no era como para poner esa expresión en sus ojos y sobre todo un chico como él, que había roto el corazón a muchas chicas. Me dio la sensación de que estaba riéndose de mi. Como haciéndome ver que para mí sería muy duro que un chico de la talla de él, me dejara. Me enfurecí y le dije todo lo que pensaba.

De repente, sólo le faltó coger un cartel y poner “yo soy la victima” . Decía que yo era una chica maravillosa, guapísima.... Pero todas esas cosas, en ese contexto, no eran piropos para mí, sino lo contrario. Mi última esperanza de que él pudiera haber sentido algo en estos dos meses se apagó cuando me dijo todas esas “bonitas” cosas. ¿Por qué me dejaba entonces, si era la chica que él decía?, le pregunté. Hubo un gran silencio y esta vez me respondió con algo que jamás en la vida me hubiera podido imaginar que dijera.

Tenía SIDA, eso es lo que venía a contarme aquella tarde y evidentemente yo también me habría contagiado. Me senté en el banco y me lleve las manos a la cabeza ¡No podía creerlo! Hace tan sólo unos segundos me sentía una desgraciada por algo tan estúpido, y ahora.... Me vino la imagen de la primera vez que lo vi y lo que deseaba estar con él. Me acordé de la noche que pasamos en su casa y los segundos en los que dude si exigirle o no ir a comprar un preservativo y desee con todas mis fuerzas volver a ese instante otra vez y cambiar ese momento. Pero no podía. ¿Qué ocurriría ahora conmigo?¿Con todos los sueños y las metas que tengo por cumplir? ¿Dónde queda ahora todo eso?

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Malditas casualidades, el Titanic

Todos hemos oído alguna vez historias sobre curiosas casualidades o incluso premoniciones previas a grandes catástrofes, gente que a última hora decide no montar en tal o cual avión que a la postre acaba por estrellarse y sembrar de bonitos cadáveres el campo o el mar. Fruto de la casualidad o no, quién sabe cuantos infelices se han perdido un viaje para comprobar acto seguido como el resto de pasajeros llega a su destino sin ningún percance, en ocasiones hay coincidencias tan asombrosas y perturbadoras que no puede uno más que dejar escapar una media sonrisa y maravillarse por la sutileza con la que la historia deja guiños a quien la estudia.

Es el caso del Titanic, de actualidad nuevamente por la muerte de la última superviviente norteamericana de la tragedia. Pocos sospechaban aquel mediodía del 10 de Abril de 1912 que aquella majestuosa nave que partía del puerto de Southhampton acabaría por convertirse en la moderna heredera de la torre de Babel, destruida por querer desafiar a Dios... o porque al tal Yahvé le dio la gana, ya que revisando el famoso episodio bíblico podemos entender que lo hizo solo por fastidiar al personal. Pero no desvariemos, el Titanic, obra maestra de la ingeniería de la época, fue un gigantesco trasatlántico de más de cuarenta y seis mil toneladas y doscientos sesenta y nueve metros de largo por casi veintinueve de ancho, con capacidad para más de tres mil pasajeros (aunque finalmente viajaran cerca de dos mil), la altura de un edificio de once pisos, tres motores con capacidad para poner el barco a una velocidad de 24 nudos y una estructura dividida en dieciséis compartimentos estancos que le permitía seguir a flote aún con cuatro de ellos inundados; un buque prácticamente inundible decían los expertos... chapeau por ellos. Hoy todos sabemos como acabó la aventura, la mayoría gracias a la algo empalagosa película de James Cameron, pero lo desconcertante del caso es que todo parecía estar escrito de antemano.

No piense el lector que nos vamos a poner a descifrar las cuartetas de Nostradamus, eso es trabajo para el Paranoid Times de la serie First Wave. En 1898, tan solo un año después de que Stoker publicara Drácula, el escritor norteamericano Morgan Robertson publicó una novela corta sobre un trasatlántico de doscientos sesenta y ocho metros de eslora, con cerca de dos mil pasajeros (y capacidad para tres mil), con tres motores capaces de impulsar las tres hélices del barco a 24 nudos y una cierta aureola de insumergible gracias a sus quince compartimentos estancos. El buque cubría el trayecto entre Inglaterra y los Estados Unidos con todo tipo de lujos, pero, casualidades de la vida, termina por hundirse tras chocar con un iceberg en las gélidas aguas del Atlántico Norte y miles de personas pierden la vida por no contar con el suficiente número de botes salvavidas, algo en apariencia sin importancia para un barco que no puede naufragar.

La novela, escrita catorce años antes del hundimiento del Titanic: Futility (Futilidad, en referencia al tema de los botes salvavidas). El nombre del barco imaginado por Morgan Robertson: Titán. Ironías de la vida, ¿no? .

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